Voto residencial, apoyo a la participación ciudadana

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El voto residencial permite que a Rufino Castellón ya no le tome seis horas ir a ejercer el sufragio, sino que de 30 a 60 minutos. Foto PNUD/Mauricio Martínez

Ejercer el derecho al voto no había sido nada fácil para Rufino Castellón, desde que obtuvo su primera cédula de identidad en 1979 hasta el año 2012.

El agricultor de 53 años, residente del cantón El Pilón, tenía que viajar al centro de votación de su municipio, Conchagua (La Unión),  para lo cual debía esperar el único bus de la zona -que sale dos veces al día- o recorrer 14 kilómetros de un camino rural, un trayecto de más de tres horas.  
En época de elecciones, el bus no suplía la demanda de los 1,737 electores que habitan en la zona según el padrón electoral. Así que muchos tenían que caminar.

A Rufino le tomaba seis horas, ir a votar junto a su esposa y su hija, pues al trajín del recorrido se sumaban largas filas en el centro de votación y hasta imprecisiones en el padrón. Además, como no sabe leer ni escribir, siempre dependía de alguien que le ayudara a buscarse en el padrón.  Muchos de sus vecinos tenían ese problema y  “no se encontraban” en el listado, “así que no votaban y hacían el viaje por gusto”, recuerda.

Aspectos destacados

  • Se logró cobertura completa en los 262 municipios del país.
  • Mientras que para las primeras elecciones después del fin de la guerra se contaba con 450 centros de votación, para las elecciones de este año hubo entre 1,700 y 1,800.
  • Ejercer el sufragio para los pobladores toma entre 30 y 60 minutos.

Durante los 20 años posteriores al conflicto armado, que concluyó en 1992, “los salvadoreños siguieron regidos por un sistema electoral diseñado para los tiempos de guerra, cuando se centralizaba la votación en un lugar seguro y bajo vigilancia, con centros de votación escasos”, dice Laura Rivera, Oficial de Programas del PNUD.

La situación cambió para las elecciones de diputados y concejos municipales de 2012, cuando el Voto Residencial, que se había probado con experiencias pilotos, se amplió a 185 municipios de todo el país, incluido el de Conchagua.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE)  comenzó a desarrollar el proyecto de Voto Residencial en 2006, cuando implementó un plan piloto en 7 municipios. En 2009, se amplió a 23 municipios, y en 2012, se llevó al 70% de los municipios del país.

Para las elecciones presidenciales de 2014, con el apoyo de la Unión Europea  y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),  se logró cobertura completa en los 262 municipios del país. Mientras que para las primeras elecciones después del fin de la guerra se contaba con 450 centros de votación, para las elecciones de este año hubo entre  1,700 y 1,800.

El proyecto de Voto Residencial es una de las iniciativas que el PNUD apoya conjuntamente con el socio estratégico Unión Europea, con la finalidad de contribuir a la  consolidación de la democracia, fortalecer la transparencia del proceso electoral y promover  la participación política de la ciudadanía.

El voto residencial ofrece la ventaja de la cercanía a los electores y favorece especialmente la participación de las personas de la tercera edad y las personas con discapacidades.

En el proceso de implementación  se hizo una consulta ciudadana para actualizar y mejorar el padrón electoral, lo que permitió a los salvadoreños verificar sus datos y abrió la posibilidad de seleccionar el centro de votación.

“Poder consultar su información es un avance, son pequeños pero importantes pasos que contribuyen  a que nuestra democracia se vaya perfeccionando”, apunta Rivera.

Para Rufino Castellón y su familia es más sencillo votar.  En 2012, los pobladores del cantón El Pilón se vieron beneficiados con la instalación de un centro de votación en el centro escolar de la comunidad. Ejercer el sufragio les toma entre 30 y 60 minutos.

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