Palabras del Sr. Roberto Valent, Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en El Salvador, al finalizar su misión

12-may-2015

Mi esposa Zeinab y yo, queremos agradecerles a todas y a todos por atender esta invitación. Al mirar alrededor de esta sala puedo notar rostros de amigas, amigos, socios para el desarrollo y colegas, todas personas muy comprometidas con El Salvador y con su gente, y con gran calidad humana.

Claramente el tiempo no se puede detener y es muy injusto, porque el tiempo vuela cuando se disfruta lo que se hace, la compañía y el lugar. Estos casi cinco años en El Salvador parecen haber pasado en un abrir y cerrar de ojos. Un país que, aunque pequeño en territorio, tiene intensas dinámicas y grandes agendas en varios niveles y espacios.

Para mí, mi esposa y mis hijos ha sido un gran placer y honor vivir en este país. Hemos gozado todo este tiempo y les agradecemos la calidez y hospitalidad que hemos recibido de todos y todas, y por la cual se les reconoce en el mundo.

Me voy con la mente llena de ideas, con el impulso y con el deseo de seguir trabajando al lado de ustedes día a día, enfrentando nuevos retos y mirando con esperanza el futuro. Porque creo que hay motivos para tener esperanza.

Durante este tiempo con ustedes, he podido notar en todas las salvadoreñas y los salvadoreños con que he trabajado, una profunda aspiración a que su país figure en la región y el mundo como uno de los mejores lugares para vivir y me consta que trabajan día a día para lograrlo.

En todos los ámbitos de la vida salvadoreña hay personas capaces y comprometidas con su país, muchas trabajando eficazmente y de manera poco visible, y en la medida en que vayan encontrándose y animándose a unir y articular más sus fuerzas van a lograr todo lo que se propongan. El cielo es el límite para sus aspiraciones. El cielo es su sombrero.

Estoy seguro de que lo que ahora vemos como grandes desafíos, son pequeños comparados con la voluntad de todas y todos de vencerlos. Sólo falta ponerse de acuerdo en la forma de hacerlo y estoy seguro de que lo lograrán.

No quiero ser mal interpretado. Claramente las brechas son grandes, los recursos escasos, el sufrimiento enorme, los retos sobrecogedores, y las posiciones muchas veces extremas. Pero al final es cuestión de visión y voluntad.

Y en este empeño son clave los liderazgos de todos los sectores sociales, políticos, económicos e institucionales. Este es el momento propicio para anteponer los intereses colectivos, construir una visión común y emprender un camino de acción conjunta y decidida, de forma que puedan llevar juntos al país a un futuro más próspero, justo y equitativo. El futuro que se merece el país.

Desde mi rol de Coordinador Residente del Sistema de las Naciones Unidas y de Representante Residente del PNUD, he tenido la satisfacción de ver cómo avanzan los planes que pueden concretar sus aspiraciones de lograr un mejor nivel de desarrollo humano y de vivir en armonía.

Ha sido un enorme placer acompañar algunos de esos proyectos que están impulsando todos los sectores, porque están poniendo sobre la tierra esa aspiración. Se puede lograr más, haciendo que las experiencias exitosas se conviertan en prácticas nacionales de forma que impacten y se escalen a todo el país.

Durante mi estadía acá hubo momentos que me marcaron especialmente, como mis dos visitas a El Mozote, en Morazán, para acompañar la conmemoración del Día de los Derechos Humanos.

Las huellas que el conflicto armado dejó son muy impactantes y aún presentes. Para frenar ese sufrimiento y el de muchas familias que hoy también sufren debido a las diferentes formas de violencia es importante el firme compromiso con el respeto irrestricto de los derechos humanos.

Otro de los momentos especiales en mi estancia en El Salvador fueron los que compartí con las y los jóvenes de Colón, la colonia IVU, las Iberias, Sonsonate y otros lugares que visité en el marco de los proyectos que implementamos conjuntamente como Sistema de las Naciones Unidas en esas zonas.

A pesar de que la juventud es uno de los sectores más afectados por la violencia, la gran mayoría de ellas y ellos mantienen una actitud positiva frente a la vida y un gran entusiasmo por salir adelante. Si reciben oportunidades y espacios para desarrollar todo su potencial y ampliar sus oportunidades, la juventud es el gran motor que puede ayudar a que este país despegue en todos los ámbitos: el social, el deporte, la cultura, la economía, el medio ambiente, incluso y especialmente la política.

En ese ámbito, el de la política, también me llena de esperanza ver como poco a poco más mujeres ocupan cargos públicos. He tenido el privilegio de trabajar con liderezas de todos los sectores y de constatar cómo su protagonismo hace la diferencia. Espero que esto sea una tendencia que no sólo se mantenga, sino que se profundice y se consolide. El Salvador no puede avanzar sin la participación y el aporte de las mujeres.

Finalmente quisiera destacar como otro momento de especial significado para mí, el haber participado en esta dinámica positiva y esperanzadora de encuentro y diálogo que se ha generado con la mesa interpartidaria y con el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia y el Consejo Nacional de Educación, que se lanzará mañana.

A pesar de las complejidades que se generan durante los procesos de reconciliación y pos guerra, este país, sus liderazgos y su población siguen reafirmando que el diálogo y el encuentro con el otro y la otra es el mejor camino para ir hacia adelante.

Como observador y socio externo me ha impactado cuanta convergencia hay entre los sectores que aparentemente son opuestos. Hay un solo El Salvador y hay mucha comunión por descubrir. Es más lo que les une a los sectores políticos, sociales y económicos de lo que los separa y hay que hacer énfasis en esas áreas de unión.

Si miro hacia atrás en mi andar por este maravilloso país, también puedo decir que he tenido el privilegio de tener como colegas a las y los Representantes de las agencias, fondos y programas que integran el Equipo de País de las Naciones Unidas en El Salvador, los que están todavía a mi lado y los que estuvieron y ya partieron a otra misión, así como a todo el staff del Sistema de las Naciones Unidas en El Salvador. Gracias a ustedes hemos obtenido los logros que como Organización tenemos en apoyo al Gobierno y la nación salvadoreña.

Aprovecho esta oportunidad para reiterar mi agradecimiento a este país por el lugar privilegiado en el que nos tienen y porque su aprecio por las Naciones Unidas nos hace relevantes y nos permite seguir colaborando. Esta valoración es recíproca. Como afirmó el Secretario General durante su visita en enero del presente año, los procesos de paz y de consolidación de la democracia en El Salvador han sido clave en la redefinición del rol de la Organización en el mundo actual y por tanto en su futuro.

Del 2011 al 2015 he tenido el enorme placer de impulsar con mis colegas, amigas y amigos del Equipo de País, el Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y en el último año, de participar en la planificación del nuevo Marco que se implementará del 2016 al 2020 y que próximamente lanzaremos con el Gobierno de El Salvador.

Estoy seguro de que la implementación del enfoque de trabajo Unidos en la Acción y del nuevo Marco de Asistencia, seguirán aportando buenas noticias al país, así como lo hacen las demás iniciativas que se ejecutan desde las instituciones del Estado, las alcaldías, la sociedad civil, la empresa privada, la academia, los tanques de pensamiento, las iglesias, las organizaciones sindicales y los demás organismos de cooperación y países amigos de El Salvador, en el marco de las prioridades nacionales definidas.

Quiero agradecer a cada una y a cada uno de los presentes por permitirme contribuir, en la medida de mis posibilidades y de las de la organización que represento, a que El Salvador sea un lugar más justo, inclusivo y sostenible para las actuales y futuras generaciones.

Con mi esposa hemos decidido que nos iremos después del 23 de mayo, para estar presentes y atestiguar la beatificación de Monseñor Romero. Este es un evento único en la historia. Monseñor representa el espíritu de cada salvadoreña, cada salvadoreño y de cada luchadora y luchador por los derechos humanos, por la verdad y por la justicia. Monseñor es una figura tan valiosa para la humanidad como lo han sido Gandhi, Mandela, Martin Luther King, Teresa de Calcuta y otros contemporáneos que transformaron el mundo. Zeinab y yo no nos perderíamos por nada del mundo este momento histórico.

Mi esposa, mis hijos y yo partimos a Jerusalén. Desde ahí seguiré los medios de comunicación salvadoreños, para mantenerme actualizado sobre los avances en El Salvador. Quiero aprovechar para agradecer a los medios de comunicación y a las y los periodistas por los espacios que gentilmente nos brindaron para posicionar los temas de país y dar a conocer nuestras contribuciones, ideas y proyectos.

Mientras se designa a quien ocupará de forma permanente las funciones que he desempeñado, mis colegas Gordon Jonathan Lewis, Representante de UNICEF, ejercerá como Coordinador Residente en funciones del Sistema de las Naciones Unidas, y Stefano Pettinato Representante Residente Adjunto ejercerá como Representante Residente en funciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

El tiempo ha pasado muy rápido y después de casi cinco años en este grandioso país, me ha llegado el momento de partir hacia otra misión con nuevos retos. Han sido muchas las lecciones aprendidas, como también el crecimiento profesional y personal vivido, por lo que parto fortalecido con mi paso por El Salvador y más que nada con su amistad.

De parte de Zeinab y mía, muchas gracias amigas y amigos.

Hasta pronto.

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