un mujer joven saca el balón durante un juego de voleibol.
Investigaciones muestras que los estados con los niveles más altos de desarrollo humano son también aquellos en los que la población disfruta de más del ejercicio y la participación en actividades deportivas. Foto: PNUD Afganistán

La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en PyeongChang me hace pensar en la relación entre el deporte y el desarrollo humano. Más allá de toda la emoción y el drama, ¿cuál es el beneficio real los Juegos Olímpicos?

Durante los Juegos Olímpicos, todos deberíamos experimentar un nivel mayor de civilización, basado en el respeto mutuo y la solidaridad. Una experiencia que, si se viviera ampliamente, podría inspirar la creencia de que otro mundo es posible. En las Olimpiadas, los atletas demuestran excelencia e inspiran a la gente común a involucrarse en actividades físicas que podrían enriquecer sus vidas sustancialmente.

Existe una relación positiva entre el desarrollo humano y la práctica de actividades físicas. El ejercicio se asocia con mejoras en la salud, los procesos cognitivos, la sociabilidad, la productividad (debido a una mejor salud física y mental) y la calidad de vida en general. Las personas que hacen ejercicio tienden a disfrutar de una vida más larga y participar en forma más activa en la sociedad. Este es el mensaje principal del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2017 de Brasil, titulado "El movimiento es vida: deportes y actividades físicas para todos".

En Brasil, estudios recientes muestran que los estados con las tasas más altas de desarrollo humano son aquellos en los que la población disfruta de más ejercicio y participa en deportes. Por ejemplo, en 2015 el Distrito Federal tuvo la tasa más alta de participación deportiva en Brasil y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más alto en el país; mientras que en el mismo año, el Estado de Alagoas tenía el IDH más bajo de Brasil y el índice más bajo de practicantes de deportes.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana o 75 minutos a la semana de actividad vigorosa. En 2013, en Brasil, el 22.5 por ciento de la población adulta realizó suficientes actividades físicas y deportivas para cumplir con las recomendaciones de la OMS. Un estudio más reciente muestra que en 2015 casi el 38 por ciento de la población brasileña informó haber realizado algunas actividades físicas y deportivas en algún momento durante el año anterior a la encuesta.

¿Cómo se compara Brasil con otros países? En la Unión Europea, el 38% de la población practica deporte una vez a la semana, mientras que el 60% lo hace esporádicamente (con diferencias significativas entre países). En Brasil, el criterio de una vez por semana cubre el 30.5 por ciento de la población. Sin embargo, la imagen es más compleja cuando miramos por debajo del promedio para considerar diferentes grupos sociales. Aquellos con más ingresos, por ejemplo, practican más deportes. Las personas que ganan más de 5 veces el salario mínimo participan en deportes un 70% más que el promedio del país. En el otro extremo, las personas que ganan menos de la mitad del salario mínimo tienen un 17% menos de participación que el promedio nacional.

Los datos muestran que aquellos que son hombres de raza blanca, jóvenes, de alto nivel socioeconómico y educativo tienden a realizar actividades físicas y deportivas mucho más que las mujeres, personas de color, ancianos, personas en situaciones económicamente vulnerables o con un bajo nivel de educación.

El hecho es que las desigualdades en Brasil también afectan la posibilidad de las personas de involucrarse en actividades físicas y deportivas, lo que presenta un problema. De hecho, los brasileños tienen el derecho constitucional de disfrutar de los deportes y del ejercicio. Sin embargo, no es suficiente simplemente tener acceso a estas actividades físicas: las personas también necesitan tiempo, recursos y oportunidades para involucrarse.

Al analizar una vez más la relación entre los deportes y el IDH de los estados brasileños, en concreto en el estado de Alagoas, alrededor del 77% del grupo de personas más ricas (aquellas que ganan más de 5 veces el salario mínimo, lo que representa el 2.9 por ciento más importante de la población en este estado) practican deportes. Este porcentaje de personas que practican actividades físicas es incluso mayor al 72% en el mismo grupo de ingresos en el Distrito Federal. Así, parece que para las personas ricas el grado de participación siempre es alto, sin importar el estado; pero el caso contrario también es cierto.

Para que esto cambie, las políticas públicas y las iniciativas de la sociedad civil y del sector privado deben nivelar el campo de juego. El enfoque debe estar en aquellos grupos que están menos involucrados en los deportes: los ancianos, las mujeres (en especial las mujeres de color), las personas con discapacidades y las personas con bajos niveles de educación e ingresos.

Además de apoyar a los grupos desfavorecidos, las nuevas iniciativas deben aportar innovación en tres áreas clave: salud, educación y gestión de actividades físicas y deportivas.

En el campo de la salud es necesario ampliar la comprensión del papel que desempeñan las actividades físicas y deportivas en la mejora de la salud. Cuando las políticas consideran la promoción de la salud, no solo la prevención y el tratamiento de las enfermedades, la audiencia objetivo se amplía considerablemente y alcanza a toda la población (no solo a las personas que ya están enfermas o a punto de enfermarse).

En el campo de la educación, las escuelas deben transformarse en lugares activos y dinámicos en los que los estudiantes y profesores, los gerentes y toda la comunidad puedan disfrutar de actividades físicas.

Finalmente, en el campo de la gestión de actividades físicas y deportivas, Brasil necesita un Sistema Nacional de Deportes que coordine el trabajo de diferentes ministerios (por ejemplo, salud, educación, cultura) en todos los sectores y regiones. También debe reconocer que todos los deportes son importantes, bien sea que los practiquen jóvenes en la escuela o atletas profesionales de élite. Se necesita el equilibrio adecuado de inversión para garantizar que todos, en cualquier lugar, tengan la oportunidad de participar cuando lo deseen.

El problema es que ver el rendimiento de los atletas jóvenes en vivo o en televisión no resulta automáticamente en vivir el deporte como una dimensión enriquecedora de la vida. Hasta la fecha, las Olimpiadas no han favorecido un mayor nivel de participación de la población de cada país en actividades físicas.

El desafío es entonces a nivel individual y colectivo. El espíritu de los juegos puede despertar un deseo profundo o la intuición de que la vida sería mejor si es más dinámica. Sin embargo, hacer espacio para estas prácticas en la vida cotidiana es una tarea que requiere mucha inversión.

Se debe abrir espacios en la mentalidad, en las políticas públicas, en las iniciativas del sector terciario y privado. Las condiciones adversas para la práctica del deporte entre las personas vulnerables no deben prevalecer. Solo entonces los Juegos Olímpicos cumplirán su potencial para contribuir a un mundo mejor y más saludable.

Para leer más, consulta el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2017 para Brasil "El movimiento es vida: deportes y actividades físicas para todos", publicado el 25 de septiembre de 2017.

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