fotografía general de arboles fondosos y verdes

¿Qué tal si tuviéramos un momento para pausar, inhalar y exhalar? Las personas que practican yoga conocen bien este ejercicio. Bajo la misma lógica, se celebra hoy el Día Mundial del Medio Ambiente 2021 con la invitación de hacer una pausa y hacernos la pregunta: ¿cómo podemos reimaginar, recrear y restaurar nuestra relación con el planeta? 

Esta relación en el último siglo no ha sido la mejor. Los ecosistemas de los que depende la supervivencia humana se han visto gravemente afectados por la explotación desmedida y la destrucción de los recursos naturales con el propósito de generar mayor desarrollo económico en el mundo. En la última centuria, han desaparecido la mitad de los humedales y, en la actualidad, cada tres segundos se pierde una superficie de bosque equivalente a una cancha de fútbol. 

Ya no es solo nuestro futuro el que está en juego, es nuestro presente. Sentimos el impacto todos los días. Hoy la humanidad reflexiona sobre su relación con el medioambiente y también arranca el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), una misión global sin precedentes para recuperar miles de millones de hectáreas de tierra degradada, pues para vivir dependemos de los recursos naturales y de las medidas de adaptación ante los efectos negativos de la crisis climática. 

Este momento de pausa es propicio para tomar acción en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, guiados por la Agenda 2030 y por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en cuyo centro está la indivisible relación entre lo económico, lo social y lo medioambiental: un desarrollo basado en la naturaleza.

En ese marco recordamos el llamado y las propuestas del último «Informe sobre Desarrollo Humano 2020: La próxima frontera: el desarrollo humano y el antropoceno», que remarca la necesidad de transformar nuestra relación con el planeta para avanzar hacia la próxima frontera del progreso.

El antropoceno, la edad de los seres humanos, es una nueva etapa geológica donde la actividad humana se ha convertido en una fuerza dominante que afecta los procesos clave del planeta. A su vez, las presiones sobre la Tierra interactúan con las desigualdades existentes y amenazan el progreso.

Lo más importante en este nuevo período es que se pone el foco en nosotros mismos como eje central del problema y también de la solución. Podemos ser la generación de la restauración y la adaptación. Reimaginar, recrear y restaurar implica una gran transformación en nuestra forma de vivir. 

Las elecciones personales y las dinámicas cotidianas pueden causar un mayor impacto del que creemos. El PNUD considera que los cambios en las normas y los procesos sociales son fundamentales para lograr cambios concretos en nuestra relación con la naturaleza.  Las transformaciones en los modelos económicos también son indispensables al cambiar los patrones de producción, inversión y consumo a unos más equilibrados con las dinámicas de la naturaleza.  

La respuesta del PNUD para apoyar una mejor recuperación de la COVID-19 a escala mundial tiene entre sus principales ejes la economía verde. La innovación y el involucramiento de todos los sectores serán clave para promover el desarrollo local sustentable, por medio del ecoturismo, la agricultura sostenible, la infraestructura verde, el transporte bajo en emisiones y las nuevas tecnologías para promover energía limpia, entre otros.

En El Salvador, mediante la alianza entre el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), el PNUD y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), se han desarrollado siete planes de negocios para reducir la brecha financiera en la gestión de las áreas naturales protegidas (ANP) de los humedales, como una estrategia de desarrollo económico local, de conservación de los recursos naturales y de servicios ecosistémicos.

En la laguna El Jocotal, en San Miguel, el primer humedal del país en ser reconocido como de importancia internacional o sitio Ramsar en 1996, se han fortalecido las capacidades del equipo de guardarrecursos y se ha construido nueva infraestructura para potenciar el turismo, incluida la remodelación de la torre de observación y la habilitación de quioscos para venta de suvenires y de alimentos.

En el bosque de Nancuchiname, en Jiquilisco, Usulután, otra ANP que alberga más de 400 especies de árboles, se impulsarán actividades productivas para reducir la presión sobre los recursos naturales, como el turismo recreativo, gastronómico y ecológico, así como la transformación de las prácticas económicas ya existentes.

El país está comprometido a «aumentar la ambición» de sus metas en materia de cambio climático, y el PNUD también está apoyando al MARN y al Ministerio de Hacienda en ese esfuerzo. Uno de los ejes principales es el cambio climático y la mitigación de gases de efecto invernadero, ya que el país sufre con fuerza el impacto de los cambios globales.

Uno de los compromisos internacionales de El Salvador es trabajar en la restauración integral de paisajes, mediante la recuperación y conservación de los bosques, así como la adopción de sistemas agrícolas y forestales para la protección del ecosistema y la resiliencia de las comunidades.

Recuperar el bosque salvadoreño significa más árboles, más agua, más frescura y aire puro para nuestras pausas, tan necesarias en ese momento desafiante. Inhalar y exhalar. Reimaginar, recrear y restaurar depende de nosotros.

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