Maura Mejía (60 años) se gana la vida “vendiendo elotes y lavando ajeno”. Dejó de vender durante 5 meses por la cuarentena por #COVID19. Fotografía: PNUD El Salvador/Oscar Leiva

Un nuevo reporte publicado por el Programa de las Naciones Unidas en El Salvador (PNUD) señala que las desigualdades preexistentes en el mercado laboral profundizan el impacto de la crisis por COVID-19, particularmente para los grupos más vulnerables, entre ellos las mujeres, la juventud y las personas que viven en el área rural.

Según el reporte “Aprender de la crisis: 10 ideas para proteger a las MYPES y recuperar los medios de vida”, estos grupos tienen mayores tasas de inactividad, están más presentes en los emprendimientos, micro y pequeñas empresas (MYPES) y forman parte de sectores laborales altamente impactados por el confinamiento y las restricciones de movilidad que trajo consigo la pandemia.

El acceso al mercado laboral salvadoreño es desigual y las brechas que afectan a las mujeres amenazan sus medios de vida en un contexto de crisis. Cinco de cada diez mujeres no participan en el mercado laboral, mientras que para los hombres el número se reduce a dos de cada diez. Además, las mujeres ocupadas se concentran principalmente en los sectores de comercio, hoteles, restaurantes y enseñanza, sectores que han sido fuertemente golpeados por la pandemia, lo que aumenta la precariedad de su permanencia en el mercado laboral.

Una de cada tres mujeres ocupadas son trabajadoras independientes, lo que incluye a las que trabajan por cuenta propia, con o sin local. Esto significa que tienen condiciones vulnerables de trabajo, con ingresos más bajos y menor acceso a seguridad social. En general, las/los trabajadores independientes representan el 43.3% del quintil más bajo del ingreso laboral.

La población trabajadora por cuenta propia, temporales, aprendices y de servicio doméstico presenta un mayor riesgo de contagio de COVID-19, a la vez que tienen menor acceso a equipo de bioseguridad. El reporte enfatiza que es indispensable la creación de protocolos de bioseguridad adaptables a las necesidades de estos grupos.

Las personas ocupadas dentro de las actividades de servicio doméstico se exponen también a reducciones de jornada por la pandemia, que significa menores ingresos, y quienes siguen trabajando deben movilizarse cumpliendo con las medidas sanitarias. Precisamente, las mujeres representan 35.8% de los/as trabajadores/as por cuenta propia en El Salvador (DIGESTYC 2019) y el 94% de la población empleada en el sector del servicio doméstico.

Dentro de las mujeres con negocio propio, el 67% tienen negocios de subsistencia, frente a un 53% de hombres propietarios (CONAMYPE, 2017). Según el análisis publicado, el bajo volumen de ventas que caracteriza a los emprendimientos, micro y pequeñas empresas (MYPES) no será suficiente para hacer frente a una crisis económica, con lo que se puede advertir que muchas están en riesgo de desaparecer.

Las barreras del mercado laboral para las salvadoreñas también se reflejan en otros ámbitos. La mayor parte de jóvenes que no estudian ni trabajan son mujeres. Además, el aislamiento social puede provocar que la carga doméstica de las mujeres se duplique o triplique, impactando negativamente en su bienestar. Una distribución desigual de los roles en el hogar hace que ellas se encarguen de las tareas domésticas, el cuido y la ayuda escolar de los/as hijos/as, adicional al desarrollo de sus actividades económicas, lo que podría deteriorar su empleabilidad y productividad.

El reporte del PNUD El Salvador enfatiza que para reconstruirnos mejor -y prepararnos mejor para hacer frente a futuras crisis- es fundamental crear un mercado laboral más inclusivo y sostenible con políticas que tomen en cuenta las múltiples vulnerabilidades que esta pandemia ha exacerbado en las mujeres. Por ello, propone 10 ideas para la acción, que permitan fortalecer a las MYPES y recuperar los medios de vida.

 

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