mano de un privado de libertad que participa en un programa de reinserción en el centro penintenciario
Participante en un programa de reinserción en el centro penintenciario

En una nueva jornada del webinario regional “Datacción” se compartió la experiencia de trabajo de El Salvador en la construcción de un modelo de inserción social para personas que han abandonado la violencia.

Los programas de inserción y prevención de la violencia son fundamentales para poder alcanzar las metas trazadas en la agenda 2030, enmarcadas en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16: Paz, Justicia e Instituciones Sólidas. Asimismo, estos programas incluyen grupos de jóvenes vulnerables, para contribuir a no dejar a nadie atrás en el desarrollo.

Desde hace más de una década, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha apoyado a El Salvador en materia de seguridad ciudadana, con un enfoque integral que privilegia la prevención de la violencia. En este webinario se compartió específicamente la experiencia del proyecto Pionero en Inserción Social.

El proyecto es implementado por el PNUD en alianza la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

La coordinadora del proyecto Pionero, Lissette Miranda, señaló que este programa es un espacio para revisar, elaborar, discutir y proponer un marco legal e institucional, así como una oportunidad para trabajar de manera articulada con diferentes actores y sectores. Está focalizado en personas adultas, jóvenes y adolescentes que se encuentran cumpliendo o han cumplido medidas legales y que reportan  antecedentes de afiliación a pandillas.

“Desde Pionero se trabaja en un proceso integral que incluye el desarrollo de competencias, con seguimiento individualizado en el ámbito educativo, laboral (capacidades laborales), atención psicológica, espacios de encuentro comunitario y familiar y formación para la construcción de nuevas masculinidades” explicó.

Pionero trabaja de la mano con socios nacionales como la Dirección de Reconstrucción de Tejido Social, la Dirección de Centros Penales y el Instituto Salvadoreño Para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia y el Ministerio de Educación y Tecnología . “A este trabajo se suman dos esfuerzos más: la incidencia a favor de la inserción social y la generación de insumos para el desarrollo de una propuesta de ley que respalde, a nivel nacional, las acciones de prevención terciaria” explicó Miranda.

En la jornada también se compartieron los principales hallazgos de los estudios: “Formas de deserción de pandillas en el Triángulo Norte de Centroamérica. Un análisis comparado”, presentado por José Miguel Cruz, director del Kimberly Green Latin American and Caribbean Center, de Florida International University (FIU); y la “Situación de las maras y pandillas en Honduras” a cargo de Lester Ramírez, coordinador de la investigación realizada la Asociación por una Sociedad más Justa de Honduras (ASJ), con el apoyo del del Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social (PNPRRS) y del PNUD Honduras.

Durante la presentación del informe sobre la situación de las pandillas en Honduras, se enfatizó que la reinserción no debe verse únicamente como un tema social sino también desde el enfoque económico. “Los datos muestran que la mayoría de los miembros de pandillas requieren y esperan iniciativas que generen empleos para no recaer en la conducta pandilleril”, indicó Lester Ramírez.

Otro hallazgo importante es la implementación de programas de prevención que eviten entre otros aspectos la deserción escolar. “Los datos demuestran que la prevención primaria tiene éxito… se requiere presupuesto de prevención social, cumplimiento del marco normativo, oportunidades de rehabilitación y reinserción; además, vemos cómo las iglesias y organizaciones, de fe tienen mayor reconocimiento y confianza entre las pandillas y esto debe aprovecharse”, dijo Ramírez.

El estudio sobre las “Formas de deserción de pandillas en el Triángulo Norte de Centroamérica. Un análisis comparado” se basó en la observación comparativa de tres encuestas realizadas en los últimos cinco años en Guatemala, Honduras y El Salvador.

“Primeramente tenemos que comprender que la deserción en la región representa un desafío diferente a lo que dice la teoría sobre cómo los jóvenes se salen de una pandilla y luego, entender que estos grupos en Centroamérica tienen un modelo de gobernanza criminal y con esto nos referimos a la imposición de reglas y la restricción de comportamientos por parte de una organización criminal”.

De acuerdo con el análisis, en los tres países del Triángulo norte, la desistencia o deserción pandilleril tiene algunas características similares.  “Así, por ejemplo, en Estados Unidos un joven puede renunciar a una pandilla porque entró en una etapa de madurez emocional, mientras que en nuestros países se salen principalmente por conversión religiosa, permiso secular o rompimiento (mudanza, ocultamiento o migración)” indicó José Miguel Cruz.

El panel también estuvo integrado por Gloria Manzotti, Especialista de acceso a justicia, seguridad y derechos humanos del Centro Regional del PNUD para América Latina y el Caribe (RBLAC), quien indicó que la situación de las personas privadas de libertad y el efecto de la pandemia en la región han generado importantes desafíos, especialmente por las condiciones precarias de los sistemas carcelarios.

“Dos hallazgos importantísimos de un mapeo realizado por el PNUD es que cómo la disminución de la población penitenciaria permite confirmar que el uso de medidas alternativas a la prisión y los beneficios dentro de la población penitenciaria tiene resultados alentadores y el segundo es que fue clave que los datos y los sistemas de información fueron relevantes para diseñar rápidamente los planes de respuesta en medio de la crisis, esto nos invita a transformar evidencias en acción”, dijo Manzotti.

InfoSegura es ejecutado por el PNUD con fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) promoviendo la generación de alianzas orientadas a avanzar en la producción de información y conocimiento que puedan contribuir a la búsqueda de respuestas para enfrentar la problemática de violencia y la criminalidad que afecta a las sociedades de la región.

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