Fotografía: Karina García/PNUD

Con el apoyo del PNUD y el Fondo de Adaptación, un nuevo proyecto aborda los impactos negativos del cambio climático, mediante la promoción de mejores prácticas de uso de la tierra, al tiempo que se enfoca en la pobreza, el hambre y la migración.

El Salvador está intensificando sus esfuerzos para proteger a las personas más vulnerables de los riesgos actuales del cambio climático.

Con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Gobierno lanzó este año un nuevo proyecto de adaptación al cambio climático, financiado por el Fondo de Adaptación al Cambio Climático.

El proyecto aplicará soluciones basadas en la naturaleza para abordar sequías, eventos climáticos extremos, inundaciones y otros impactos relacionados con el cambio climático que están aumentando la pobreza, la desnutrición y la migración en el país centroamericano.

El cambio climático está impactando severamente en la vida y los medios de vida de las y los salvadoreños. Los cambios en las lluvias, sequías e inundaciones han provocado importantes pérdidas en los sectores agrícola y ganadero. Durante las últimas tres décadas, los impactos del cambio climático le han costado a la economía salvadoreña más de $ 2.200 millones de dólares en pérdida de productividad, según el  Banco Interamericano de Desarrollo . Si no se toman medidas inmediatas, el PIB de El Salvador podría caer hasta en un 7% para 2030.

En la zona de Ahuachapán sur, una región que depende principalmente de la producción agrícola y ganadera, los patrones de precipitación erráticos, las altas temperaturas, las prácticas insostenibles de gestión de la tierra y el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos amenazan los medios de vida y la seguridad alimentaria.

En junio, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el Ministerio de Agricultura y el PNUD de El Salvador, lanzaron una iniciativa conjunta para ayudar a abordar los impactos del cambio climático en esa zona. El proyecto, con una subvención de US$7,8 millones de dólares del Fondo de Adaptación, aplica la adaptación basada en el ecosistema para apoyar los medios de vida locales y mejorar las prácticas de uso de la tierra.

El proyecto se basa en la integración de la restauración del paisaje forestal para aumentar la cobertura forestal, mejorar el ciclo hidrológico, aumentar la cantidad de agua disponible y regular los flujos de agua superficial y subterránea, reduciendo el impacto del clima extremo. “El proyecto favorece la gestión productiva resiliente para abordar los problemas de pobreza, desigualdad y hambre y, al mismo tiempo, cumplir con los compromisos del Acuerdo de París, protegiendo a nuestra gente y a nuestro planeta. Este enfoque contribuye a mejorar la seguridad alimentaria y la resiliencia de la comunidad ”, enfatizó Ryna Ávila, oficial de Desarrollo Sostenible y Resiliencia del PNUD El Salvador.

Las actividades de restauración incluyen la rehabilitación de ecosistemas sensibles, sistemas agroforestales y silvopastoriles que serán implementados por las comunidades y asociaciones locales, con el apoyo del Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador (FIAES). Además, el Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de Agricultura proporcionarán asistencia técnica para diversificar las actividades generadoras de ingresos, mejorar el conocimiento sobre la hidrología local y el cambio climático y abordar las prácticas insostenibles mediante una planificación territorial informada y una gobernanza inclusiva.

Como parte de las actividades del proyecto, los socios gubernamentales y el PNUD están avanzando en una línea base y objetivos para medir el impacto del mismo y realizando una serie de talleres en los municipios en los que se enfoca el proyecto: San Francisco Menéndez y Tacuba.

Durante los talleres, las comunidades han expresado su preocupación por la multiplicación de los riesgos que traerá el cambio climático y el COVID-19. La pandemia ha limitado el acceso a los insumos necesarios para la agricultura tradicional.

“Esta iniciativa no solo es vital para enfrentar el cambio climático, sino que también es de gran relevancia en un contexto cultural, ya que prioriza la participación activa de mujeres, jóvenes y grupos indígenas, favoreciendo soluciones locales y ancestrales, en armonía con nuestra cultura,  para el fortalecimiento de capacidades”, aseguró Leonel García del Consejo de Ciudadanos de Tacuba.

El proyecto aprovecha el conocimiento tradicional de plantas y semillas nativas, proporcionando la base para acciones climáticas impulsadas por la comunidad. Esto crea un camino sostenible para la productividad local y la recuperación ecológica, y acelera la contribución determinada a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) de El Salvador al Acuerdo de París.

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