Fotografía: Julio Roberto Díaz/PNUD

San Salvador, 12 de agosto de 2020. Este Día Internacional de la Juventud el Sistema de las Naciones Unidas en El Salvador hace un llamado para tomar todas las medidas necesarias para proteger los derechos a la educación, a la salud, al empleo digno de las personas jóvenes ante el impacto de la emergencia por la COVID-19, y reconocer todo su potencial y creatividad en la respuesta ante la pandemia.

La población salvadoreña es mayoritariamente joven, el 51.4% es menor de 30 años. Por lo que el país cuenta con un potencial económico y social enorme. La población en edad productiva es de 66 personas de cada cien.

Esta estructura poblacional abre una ventana única para el crecimiento económico presente y futuro, con beneficios para toda la población. Se conoce como bono o rendimiento demográfico y su aprovechamiento demanda hacer una inversión oportuna en fortalecer las capacidades de las personas jóvenes para generar sostenibilidad productiva y ahorro social, que cubra protección social y una vida digna en el proceso de envejecimiento, en caso ese bono finalice.

Sin embargo, según la Organización Internacional del Trabajo, en el mundo, antes de la pandemia, 126 millones de trabajadoras y trabajadores jóvenes se encontraban en una situación de pobreza extrema o moderada. En El Salvador, de acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2018 “Soy joven, y ahora qué” (IDHES 2018), el 41.8% de las personas entre 15 y 29 años vivían en hogares pobres multidimensionales.

Uno de los aspectos que reduce las oportunidades de la juventud para tener un mejor futuro es su acceso a la educación. Según la Coalición Mundial para la Educación COVID-19 que es liderada por la UNESCO, actualmente el 60.5% de la población estudiantil mundial está afectada por los cierres de instituciones educativas, esto equivale a unos 1,058 millones de estudiantes en 109 países. La educación a distancia representa un reto muy importante para los estudiantes que no tienen acceso estable a internet y además afecta de manera particular a niños, niñas, adolescentes y jóvenes que dependen de la alimentación escolar para su nutrición y salud.

Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2019, el 71.7% de las personas entre los 15 y 29 años usaba internet, sin embargo, en las zonas rurales solo el 22.6% tenía acceso, siendo las mujeres quienes menos posibilidades de conectarse a la red tenían (22.3%). Dicho porcentaje se reduce a poco más de la mitad cuando se reporta acceso a computadora e internet según el IDHES 2018. Esto da una idea del limitado alcance que puede tener la educación virtual, por internet, así como el teletrabajo, principalmente en las zonas rurales.

Además, antes de la emergencia, el desempleo juvenil era 2.6 veces superior al de las personas mayores de 30 años. Según el IDHES 2018, solo 17 de cada 100 jóvenes tenía trabajo decente y el 61% estaba subempleado. En el actual contexto de cuarentena y con el inicio de la reactivación económica, el impacto de la situación actual en la juventud puede ser significativo y determinar negativamente su futuro y el futuro del país si no el gobierno y el sector privado adoptan medidas particulares para garantizar que este sector de la población pueda sobreponerse a la crisis y romper el patrón estructural estrechamente ligado al modelo actual de desarrollo y de persistencia de la pobreza. Entre las consecuencias que los efectos de la pandemia podrían tener en la juventud se puede listar el aumento de la deserción escolar y de los flujos migratorios irregulares con todos los riesgos que esto implica para quienes migran, y el impacto en sus comunidades y familias, así como en el país por la pérdida de personas que van hacia el auge de su productividad.

En aras de una mejor recuperación es indispensable que todos los actores promovemos el empoderamiento y una mayor participación económica, social y política de la juventud. Por ejemplo, a nivel nacional, siguen reportando los niveles más bajos de participación en elecciones respecto a los adultos que son mayores de 30 años. En ese sentido, es importante analizar las razones de la abstención electoral y generar condiciones para que la juventud ejerza el sufragio de manera más significativa.

Adicionalmente, la inseguridad y la violencia causada por grupos criminales afectan a la juventud de manera desproporcionada. De acuerdo con el informe de 2018 “Caracterización de la movilidad interna a causa de la violencia en El Salvador”, publicado por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública con apoyo del ACNUR, el perfil demográfico de la población obligada a dejar su hogar por la violencia son grupos familiares jóvenes con condición de vulnerabilidad socioeconómica. Este fenómeno afecta en mayor proporción a familias con miembros en edad adolescente (12-17 años) y/o joven (18-29 años).

Para alcanzar a más personas jóvenes e involucrarlas en estos tiempos de la pandemia, es necesario compartir información, aclarar la desinformación y darles las herramientas necesarias para que puedan tomar medidas encaminadas a contener la propagación del virus. Debemos reconocer su liderazgo y defender sus derechos humanos.

Teniendo este contexto en consideración, Naciones Unidas considera clave enfocar las acciones de recuperación socioeconómica en el apoyo a políticas públicas de cara al empoderamiento de la juventud. Este empoderamiento debe ocurrir en varias áreas que incluyen: oportunidades para la educación, emprendimiento y empleo de jóvenes, la prevención de la violencia y el desplazamiento forzado, el fortalecimiento de su participación política, la inversión en los servicios educativos con modalidades digitales y no digitales accesibles a todos los estudiantes para asegurar la adquisición de las habilidades y conocimientos previstos. Actores claves son al lado del sistema educativo formal y de autoridades a nivel local y central, el sector privado y la cooperación internacional. Especialmente con relación con nuestra juventud, reconstruir mejor durante y después de la pandemia, es la garantía de éxito de la sociedad a mediano y largo plazo.   

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